martes, 5 de julio de 2011

Hell (2003)

Una pesadilla cinematográfica sin demasiados vinculos localizables con lo que llamamos "la realidad", ese paraíso lleno de bancos y semáforos. El filme, una ensoñación violenta que se presenta como una crónica intemporal de la psicopatía, el sufrimiento, el temor y el odio.

Se trata de un trabajo de no fácil digestión, el cual promovemos sin embargo como un asalto a la promoción mediática excesiva del simulado orden conveniente, que tiene a la falsa belleza sentada a la derecha del padre elegido democráticamente y a todo lo demás, cómodamente ubicado en el abismo incomprensible de las sombras prohibidas, cuya existencia se ha disimulado bien para el día del banquete. El Castillo, la burbuja a prueba de llagas y feos.

Reconocemos de este trabajo de microcine, principalmente, la fortuna de la composición artística (imagen y sonido en correspondencia hiriente, conformación de un contexto repleto de sombras y ambientes ruinosos que aumentan los gestos perturbadores del filme, etcétera) y su transmisión efectiva de estados anímicos disminuidos.

Psicópatas de plastilina y monstruos de vaga ternura, los protagonistas de esta historia sin narración, sin otro evento que la agonía.

La pieza va firmada por David Firth ("famoso" animador inglés que persigue en sus trabajos el retrato de la demencia, la angustia, la psicopatía, la depresión, el temor y el odio, y cuya estética laberíntica es emparentable en algunas de sus piezas con el mundo pesadillesco del cineasta norteamericano David Lynch) y Jimi Hollis.

Toda esta brutalidad, ¿nace en la mente de nuestro autor, maldito genio perturbado, o es la traducción de una gravedad presente en todos nuestros ambientes y movimientos? ¿Qué es este mundo donde cunden los odios oficiales y extraoficiales?

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