Según entiendo, Encuentros llega hasta nosotros como resultado de una tarea escolar (pero esto es pura exageración del reseñista, así que no deben creerme) de la licenciatura de Urbanismo, en la UNAM.
Sus firmantes, mexicanos y alemanes de intercambio, son Edgar Castellanos Contreras, Ana Karen Cervantes Ruiz, Michael Dieminger, Maxie Jost, Aldo Rodríguez Bustamante y Valeria Torres Guzmán.
Historias rápidas, breves y contundentes de la Ciudad de México. Ligera canción de amor con imágenes de Bellas Artes, la Torre Latinoamericana, la Glorieta de Insurgentes, y los chundos, las viejitas, los mocosos chifladores, las seños, las voces extraviadas en off con opiniones venidas del exterior cultural. Panoramas donde no existe el adorno escenográfico ni actoral: la cosa dándose por sí misma en su elocuencia de fealdades y bellezas simultáneas, en su mero colorido natural que reluce aun en los días nublados que nos adornan últimamente; la cosa sucia, atolondrada, engentada, magnífica, cucha, fina, con esos muros de plástico naranjas móviles que implementa la policía, con bolsas de plástico al aire cerca de la mezcla de cemento y la operación inconclusa, con los puentes raros de Tlatelolco, las ensoñaciones del niño anónimo, los lentes obreros en el disfraz del punk y los protagonistas diarios de una convulsión marciana e interminable.
Una pequeña canción de amor (4:34 minutos de duración) sobre la capital de México, y sus dobleces, sus gustos de mercado multicolor, sus monumentos chafas, su desarraigo, su subdesarrollo flagrante que compone la mosaiquiza voluntaria e involuntaria.
Bailantes, viandantes, taqueros, vendedores, amigos, muros de máscaras de lucha libre en la reactualización con plástico del lúgubre gusto estético nahua: Gatitos de la amistad y la buena intención, más bien chistosos, buena onda, ligeros y naturales como la mirada del señor que se cortó el pelito expresamente para participar en el filme.
Una organización de entrevistas e informaciones que pretende la bondad, un dibujo afinado hacia la empatía y el anhelo de equilibrio.
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