jueves, 30 de junio de 2011

Crueldad (2009)

Una minificción cinematográfica de excelentes encuadres y dirección de arte, capaz de concederse el lujo narrativo de la resolución inesperada. La estética de la suciedad, las sombras, el grotesco, acude aquí con limpieza de estilo y se resuelve en la carcajada de la ironía festiva. El cuento, ¿para qué?
La risa, una taumaturgia y no solamente.
La exacerbación de los sentidos, sendero esotérico de salvación. ¿Qué es la salvación en el mundo? La puesta en práctica constante de una estética indomable, como dicen los brujos.

Este trabajo fue hecho en México y es ejemplo de que el cine independiente es capaz de mucho más de lo que estamos habituados a considerar (hasta nuestro círculo de opiniones es una enajenación). El espectador está obligado a sacar al arte de su ensimismamiento, de su ostracismo conveniente (no se acalla a nadie sin motivos bien definidos por la lógica del poder), a odiar el embotamiento que propone con suficiencia chocante la Santa Madre Televisa del melodrama consabido, sobado y sobado y vuelto a sobar, hasta aventurarse en una nueva apreciación amplificada que admita lo inusual, lo enrarecido, lo minúsculo, lo feo, lo tremendo, lo inesperado, lo baladí: todo lo magnífico que crece desde la desventaja.

El individuo, su propia bobina. La intersubjetividad, el verdadero camino social hacia la empatía y la unificación sin la estúpida vaciedad de los discursos de falsa inclusión.

Cerrando el largo paréntesis, la dirección del presente cortometraje (por apelar a ese sistema jerárquico de clasificación que todavía no superamos: la firma da el valor al cuadro) fue trabajo de Luis Ekiro.





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