Este señor es un animador, pero principalmente parece ejercer las labores del lector y del filósofo.
Muchos sujetos pensantes asumen al arte como una investigación de la condición humana. Nada de diversioncitas en su sentido pacato: esto no quiere decir que la diversión no sea parte primordial de los contenidos humanos, de lo profundo y sustancial en el hombre: quiere decir que el arte no es para nada una simpleza con merengue, un moñito, un aleteo del patito hacia el cristal fino y un retrato cariñosito de la sonrisa de la abuela: es una crítica amarga con sentido del humor, una aspiración de lucidez, una mirada emocional y sacudida de los eventos del hombre como problema, violencia, crisis, enajenación.
¿Por qué las personas tienen tantos problemas para comprenderse? La empatía tiene que rebasar muchísimas dificultades para realizarse; el contacto más auténtico parece alejarse como una utopía de difícil comprensión. Incluso quienes han alcanzado la transmisión intersubjetiva tendrán que verse obligados a la renovación y la constante atención: nada permanece fijo, todo es movimiento y toda construcción es susceptible de desaparecer bajo el peso del tedio y la estupidez.
Aquí una opinión cruel del maestro de las sombras, los paraísos desvencijados y los andrajos nacido en la actual República Checa.
El diálogo, el contacto humano, nuevamente, como una ceremonia del odio.
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