lunes, 27 de junio de 2011

Viva la muerte (1971)

Tampoco conozco la totalidad de este largometraje, sólo la novela de la que parte. Viva la muerte (1971) es un largometraje dirigido y escrito por Fernando Arrabal en arreglo a su novela homónima (o titulada también, de acuerdo a la edición, Baal Babilonia), que narra la visión subjetiva de un niño ante el colapso humano y social que significó la Guerra Civil de 1936 para toda España.

En la novela se organizan a manera de diario abierto los pensamientos y visiones de un niño que acude a la desaparición de su padre republicano en manos de las fuerzas fascistas, a una educación castrense de cepa católica y conservadora cuyo impulso principal proviene de las mujeres de la familia (madre, abuela, tías), y a un despertar confuso de la propia sensibilidad en un entorno compretamente hostil y solitario, de la conciencia individual dotada de recuerdos, nostalgias, sentimientos e ideas imprecisas.

El fragmento que aquí incluyo no es sino la obertura que da inicio al largometraje, a la que considero, sin embargo, de la suficiente elocuencia como para tenerla por un todo artístico, un pequeño ejemplo brutal de microcine. Todos los dibujos de este extracto fueron hechos por el artista pánico francés Roland Topor, un provocador que se instala en el seno de la sociedad burguesa para intentar subvertir sus códigos hipócritas y sus acallamientos de las fuerzas elementales del individuo (el erotismo, la sexualidad, la imaginación), hijo de la tradición de Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud y Jean Genet.

Estos dibujos de muy buena pluma muestran una especie de infierno contemporáneo que hereda la retórica visual de El Bosco y la del Dante. Máquinas para una alambicada tortura, cadáveres en posiciones acrobáticas, mutilados, decapitados, vivos hundidos en muecas de terrible dolor, monstruos voraces con tendencia a la crueldad: paisaje de la desolación generalizada.
El hartazgo, incertidumbre y dolor del individuo ante una sociedad capaz de clamar, sin registrar la contradicción: "¡Viva la muerte!", en defensa de un paquete ideológico estricto y prohibitivo, aterrorizada ante las manifestaciones de una posible transformación radical de las costumbres y las plataformas mentales y emotivas, queda así recreado con elocuencia en estos breves minutos lentos de microcine. 

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